viernes, 26 de septiembre de 2014

La corona del Rey Relojero

Cuando los egoístas herederos de Werner III el Sabio estaban discutiendo para ver quién se convertiría en el nuevo Rey de los Relojeros, ninguno de ellos dio cuenta que de que el antiguo maestro había urdido un plan maestro para dejarlos fuera de la larga línea de Reyes: esconder su corona. Como estaban ocupados regodeándose en la posibilidad de ver sus ambiciones cumplidas, no se percataron que en la misma noche en la que el monarca expiró, una figura envuelta en oscuridad (Ahora sabemos que era el fiel mayordomo del rey) cruzó los jardines llevando un extraño bulto, para perderse en la neblina de los pantanos y no volver a ser vista jamás.
Puede que quizá fuera la intención del viejo Werner al ver que dejaba a nadie digno a cargo del reino, o quizá simplemente se debió a la mezquindad de los candidatos al trono: la cuestión es que al final los sucesores potenciales se acusaron entre ellos de haber robado la corona y el reino se disolvió entre rencillas. En una semana, el mundo perdió contacto con la civilización de los que fueron los artífices de las mayores maravillas mecánicas jamás realizadas, que sin posibilidad de arreglo, a la larga se acabaron estropeando y perdiendo, con sus trozos esparcidos por el mundo.
Como cazadores de reliquias, en la Mathomería nos enorgullecemos siempre que hallamos alguno de estos pedazos del Mundo Antiguo, y siguiendo la tradición de los Relojeros de Antaño, les damos un nuevo uso. Esta vez ha ocurrido algo inaudito: hemos encontrado un objeto entero, y después de consultar nuestro viejos y desordenados archivos, sospechamos que la corona que puede verse en nuestras vitrinas podría ser la del Rey de los Relojeros, lo que sin duda es una extraña señal ¿Quién sabe qué clase de objetos encontraremos a partir de ahora?