sábado, 5 de julio de 2014

Desintegrador


Aunque muchos suelen confundirlo con un trabuco de tamaño infantil , el objeto que pueden ver en nuestras vitrinas es uno de los últimos desintegradores.
Inventados en la época en la que las pelucas empolvadas dieron paso a los bigotes y a las patillas, los desintegradores fueron durante mucho tiempo las armas más modernas en la panoplia del caballero decimonónico. Es menester aclarar que por modernas no queremos decir que poseyeran la sofisticación y elegancia de las lujosas pistolas de duelo, pues su concepción fue total y absolutamente burda.
Ideados inicialmente como armamento para limpiar lugares estrechos a base de chorros de gas hipercalentado, al final resultaron ser igual de útiles tanto para freír al enemigo como para explotar reduciendo a cenizas al usuario y a todo ser vivo en un radio de diez metros. Tanto era así, que al final la única solución posible fue la inyección del gas dentro de pequeñas balas esfericas, reduciendo enormemente su potencia y desterrando para siempre a las armas freidoras del uso y producción masificados.
No obstante, estos objetos encontraron un nuevo hogar en el mundo de los duelos entre caballeros, quienes podían escoger batirse con un desintegrador siempre que su rival también usara uno. El resultado del duelo dependía de la cantidad de "satisfacción" que exigiera el ganador al regular la cantidad de gas inyectado en la carga. Esto significa que, en términos prácticos, el duelo podía acabar con resultados tan dispares como una quemadura leve o un boquete en la espalda, y eso contando con que alguno de los dos contendientes acertara.